Artrosis y dolor articular: cómo mejorar la movilidad diaria
ESTEFANIA CAMACHO – 5 MIN READ Artrosis y dolor articular: cómo mejorar la movilidad diaria La artrosis es una de las causas más frecuentes de dolor y limitación de la movilidad en los adultos mayores. Actividades aparentemente sencillas como levantarse de una silla, caminar por la casa, subir escaleras, vestirse o entrar al baño pueden convertirse progresivamente en tareas difíciles. Sin embargo, tener artrosis no significa que la persona deba dejar de moverse. De hecho, mantener una actividad física adecuada y adaptar las actividades cotidianas suele ser una parte importante del manejo de esta enfermedad. En este artículo explicamos qué ocurre en las articulaciones, qué medidas pueden ayudar a conservar la movilidad y cómo apoyar de forma segura a un adulto mayor con artrosis en casa. ¿Qué es la artrosis? La artrosis, también conocida como osteoartritis, es una enfermedad degenerativa que afecta las articulaciones. Con el paso del tiempo se producen cambios en el cartílago y en otras estructuras de la articulación. Esto puede generar dolor, rigidez, inflamación y pérdida progresiva de movilidad. Las articulaciones que suelen verse afectadas incluyen: Rodillas. Caderas. Manos y dedos. Columna cervical y lumbar. Hombros. Pies. Aunque es más frecuente con el envejecimiento, la edad no es la única causa. El sobrepeso, lesiones articulares previas, determinadas actividades laborales y factores hereditarios también pueden aumentar el riesgo. ¿Cómo saber si un adulto mayor puede tener artrosis? Los síntomas pueden variar considerablemente de una persona a otra. Uno de los más característicos es el dolor relacionado con el movimiento o la carga de la articulación. También puede presentarse rigidez después de permanecer sentado o acostado durante cierto tiempo. Algunas señales frecuentes son: Dolor al caminar o realizar determinadas actividades. Dificultad para levantarse de una silla. Rigidez al comenzar a moverse. Menor amplitud de movimiento. Sensibilidad en la articulación. Crujidos o sensación de roce al moverla. Dificultad para subir o bajar escaleras. Menor fuerza o seguridad al caminar. Cuando estas limitaciones empiezan a interferir con las actividades cotidianas, es recomendable realizar una valoración médica. Importante: no todo dolor articular en una persona mayor es artrosis. Existen otras enfermedades que pueden producir síntomas similares, por lo que el diagnóstico debe realizarlo un profesional de salud. El error de dejar de moverse por miedo al dolor Cuando caminar produce dolor, es comprensible que una persona reduzca su actividad. El problema aparece cuando el reposo se convierte en inmovilidad prolongada. Puede desarrollarse un círculo difícil de romper: Dolor → menos movimiento → pérdida de fuerza → mayor dificultad para caminar → más dependencia → todavía menos movimiento. Por esta razón, el objetivo no suele ser simplemente «descansar la articulación», sino encontrar un equilibrio entre actividad, ejercicio adecuado, protección articular y descanso. 1. Mantener movimiento todos los días Las articulaciones necesitan movimiento. En adultos mayores con artrosis, generalmente resulta más conveniente realizar actividad moderada y frecuente que permanecer muchas horas inactivos y posteriormente realizar un esfuerzo intenso. Dependiendo de la condición de la persona, pueden utilizarse actividades como: Caminatas cortas. Ejercicios de movilidad articular. Ejercicios realizados sentado. Movimientos suaves de brazos y piernas. Ejercicios de equilibrio. Ejercicios de fortalecimiento. La intensidad debe adaptarse a la edad, capacidad funcional, enfermedades existentes y recomendaciones profesionales. 2. Fortalecer los músculos Un aspecto fundamental para conservar la movilidad es mantener la fuerza muscular. Los músculos ayudan a estabilizar las articulaciones y permiten realizar actividades esenciales como levantarse, caminar o mantener el equilibrio. En una persona mayor pueden ser especialmente importantes los músculos de: Piernas y glúteos: facilitan caminar y levantarse. Musculatura del tronco: contribuye al equilibrio y la estabilidad. Brazos: ayudan en transferencias y actividades cotidianas. Un fisioterapeuta puede determinar qué ejercicios son apropiados y cómo realizarlos sin aumentar innecesariamente el dolor. 3. Levantarse y caminar periódicamente Una persona con artrosis puede sentir mucha rigidez después de permanecer demasiado tiempo en la misma posición. Por eso conviene evitar, cuando sea posible, pasar períodos excesivamente largos sentado. Puede establecerse una rutina sencilla: sentarse → levantarse con seguridad → caminar unos minutos → volver a descansar. En personas con problemas importantes de equilibrio o riesgo de caídas, estos desplazamientos deben realizarse con la asistencia necesaria. 4. Adaptar el hogar La movilidad no depende exclusivamente de las articulaciones. El entorno también puede facilitar o dificultar enormemente la autonomía. Algunas adaptaciones útiles incluyen: Retirar alfombras sueltas. Mantener los pasillos despejados. Utilizar iluminación suficiente. Instalar barras de apoyo cuando sean necesarias. Evitar muebles excesivamente bajos. Utilizar sillas firmes y estables. Mantener los objetos de uso frecuente fácilmente accesibles. Utilizar calzado cerrado, cómodo y antideslizante. Una casa correctamente organizada puede reducir esfuerzos innecesarios y disminuir el riesgo de caídas. 5. Facilitar el momento de levantarse Para una persona con artrosis de rodilla o cadera, levantarse de un sillón muy bajo puede resultar particularmente difícil. Es preferible utilizar una silla estable, de altura adecuada y, cuando sea posible, con apoyabrazos. La persona puede acercarse al borde de la silla, colocar correctamente los pies y utilizar los apoyabrazos para facilitar el movimiento. Si necesita asistencia física frecuente para levantarse, conviene que un fisioterapeuta enseñe tanto al adulto mayor como al cuidador la técnica adecuada. 6. Utilizar correctamente bastones o caminadores Las ayudas técnicas pueden mejorar significativamente la seguridad y autonomía. Pero deben estar correctamente seleccionadas y ajustadas. Un bastón demasiado alto, demasiado bajo o utilizado en el lado incorrecto puede modificar la postura y aumentar el esfuerzo. Lo mismo ocurre con un caminador. Por eso, cuando una persona comienza a necesitar estos dispositivos, es recomendable recibir orientación profesional sobre: Tipo de ayuda técnica. Altura correcta. Forma de caminar. Transferencias. Giros. Subida y bajada de escalones. 7. Aplicar frío o calor con criterio Algunas personas encuentran alivio utilizando calor local para disminuir la sensación de rigidez. En determinadas situaciones también puede utilizarse frío para molestias articulares. Sin embargo, deben tomarse precauciones, especialmente en adultos mayores con alteraciones de sensibilidad, circulación o determinadas enfermedades. Nunca debe aplicarse una fuente extremadamente caliente directamente sobre la piel. Si existen dudas, es preferible consultar previamente con un
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